5 Pequeños trucos para ser dueño de tu Vida y vivir mejor

Nos volvemos realmente libres cuando aprendemos a renunciar a lo que pensamos que somos y nos permitimos a ser aquello que realmente somos

Gueri Raditchkova

Hoy me apetece darte algunos pequeños trucos para hacer que tu vida sea más fácil y más feliz. A veces pensamos que tenemos que hacer grandes cosas para conseguir la felicidad, o que la vida de los demás es siempre más fácil que la nuestra. Bien, pues no es así, y además, siempre podemos aprender y aplicar a nuestra vida algunos pequeños trucos, pequeños cambios, que sin embargo pueden dar resultados asombrosos.

 

1. Presta atención a tu lenguaje. Hay una ciencia que adoro llamada Programación Neuro Lingüística (PNL), que se dedica a estudiar las formas de comunicación de las personas. Entiendase comunicación verbal o no verbal, con uno mismo o con los demás. La PNL es una ciencia muy extensa y podríamos hablar horas sobre ella. Aquí sólo me gustaría llamarte la atención sobre unos pequeños detalles en la comunicación con uno mismo, sólo quiero dar una pincelada.

a) Cambia el “tengo que” por “quiero”. Esto fue lo primero que me enseñaron cuando estudié PNL y me encantó. La diferencia entre una forma y otra es enorme a nivel energético, a nivel de vibración. Haz la prueba. Escribe una lista de 5 cosas que no te gusta hacer y luego lee las frases con “tengo que” delante. Sentirás como tu cuerpo pesa y se encoje, y queda aplastado por el peso de la auto-obligación.

Pídele a otro que te las lea en voz alta y fíjate lo que siente tu cuerpo. Es aún peor (reflexiona cuántas veces al día te dices o dices los demás “tienes que, tienes que…”. Luego pronuncia las mismas frases con “quiero” delante. Te sentirás mucho más ligero y alegre. No hay obligación, hay libre elección, por tanto ¡hay sensación de libertad! ¿Ves que simple? Tu mente entra en otra dinámica cuando eliges hacer algo, empieza a segregar serotonina y te sientes bien, feliz. Pasas a ser dueño de tu Vida y no un simple esclavo de los deseos de otros.

b). Cambia el “pero” por “y”. Esta es otra forma de aplicarle un truco a tu mente para que funcione de forma diferente. Está demostrado que cuando uno dice una frase con un “pero” en medio, realmente la mente ignora la primera parte y se centra sólo en lo que viene después de ese “pero”. Lo malo es que después de un “pero” casi siempre viene algo indeseable… “Quiero salir a divertirme con mis amigos pero… tengo que estudiar/trabajar/ayudar a mi padre, etc.” Sin darme cuenta me he creado un conflicto interno entre un deseo y una obligación. La primera parte ha sido borrada como imposible y la segunda se convierte en una carga pesada, aún menos deseable que antes. A ver qué tal sería decir: “Quiero quedar con mis amigos y tengo que estudiar/trabajar/ayudar a mi padre, etc. Puede parecer que no hay mucha diferencia… pero… no es así. Para nuestro cerebro la diferencia es enorme. Al poner una “y” entre las dos opciones la mente no ignora ninguna de ellas sino que empieza a ser creativa, empieza a buscar la manera de conseguir las dos partes. Ya nada es imposible. Te has dado la oportunidad de buscar y encontrar una solución a la situación, tal vez organizando mejor tu tiempo, tal vez dándote prisa por terminar antes los deberes y tener tiempo para estar con los amigos… aquí cada uno se puede recrear todo lo que quiera. Al no ponerle límites a nuestra mente ella nos da muchas y diferentes soluciones. De nuevo vuelves a ser dueño de tu Vida y no te sientes preso de las circunstancias.

c). Sé amable contigo mismo. ¿Cómo pretendes ser amable con los demás, más aún, cómo esperas que los demás sean amables contigo y te valoren, cuándo tú mismo te dices a diario: ay qué tonto soy, ay que estúpido soy… etc.? Reflexiona sobre ello. En la Vida recibimos lo que damos, y no sólo lo que damos a los demás, sino sobre todo lo que nos damos a nosotros mismos. De eso ya hablamos en el post Tus pensamientos construyen tu Realidad. Puedes echarle otro vistazo si te apetece.

 

2. Aprende a decir que NO. Nos han educado o hemos aprendido a estar siempre disponibles para los demás, agradar siempre a los que nos rodean (o al menos intentarlo, ya que es prácticamente imposible agradar todo el tiempo a todo el mundo). Si somos honestos y sinceros con nosotros mismos este tipo de comportamientos tiene un nombre: No respetarme a mi misma. Si, suena fuerte y es una gran verdad. Cuando estoy muy cansada y me apetece estar sola y descansar, y me llama una amiga que necesita hablar conmigo porque está triste, tengo dos opciones: decir que si y aguantar como pueda mientras ella descarga sobre mi todo su malestar, o decir que no, y descansar porque mi cuerpo y mi mente me lo piden a gritos. ¿Cuál puede ser la consecuencia de decir que si cuando realmente quiero decir que no? Puedo acabar agotada y cabreada tanto con mi amiga por venir justo ahora, como conmigo misma por no ser honesta ni con mi amiga, ni conmigo. El resultado es irritación y autodesvalorización. No es aconsejable, está claro. Así no gana nadie, creo que es evidente. ¿Cuál puede ser el beneficio de decir que no, cuando realmente quiero decir que no? Primero, me valoro y me respeto a mi misma. No es egoísmo, es honestidad. Y aunque no lo parezca, al ser honesta también respeto a mi amiga. Nadie puede dar lo que no tiene. Si yo estoy mal ¿cómo podría ayudarle a ella a que se sienta mejor? Aprender a decir NO es aprender a ser honesto. Este mundo necesita de gente honesta. El futuro de la Humanidad depende de ello, de que cada uno elijamos ser honestos primero con nosotros mismos.

 

3. Suelta y libera el pasado. Si intentaste algo y no conseguiste el resultado que esperabas no sigas hablando de ello. Si alguien te hizo algo (cosa imposible, nadie nos puede hacer nada que nosotros no hayamos permitido, ya hablaremos de ello) que no te gustó no sigas hablando de ello. Si algo ya no forma parte de tu vida porque eligió partir no sigas añorándolo, no sigas hablando de ello. Es un gasto enorme de tiempo y energía, tuya y de aquellos a los que obligas a que te escuchen. Si sigues pensando y hablando de ello te intoxicas a ti y a los que te rodean. Suéltalo. Libera lo que ya no está, lo que pasó, deja que se vaya. ¿Para qué seguir rumiando algo que ya pasó, se acabó, salió mal o lo que fuera? No sirve de nada positivo. Es una pérdida de tiempo, y recordemos que el Tiempo es Vida. Y la Vida es lo que vivo hoy, ahora, en este momento. Si me lamento por el pasado me pierdo el presente. La Vida es lo que decido experimentar ahora. Decidir seguir experimentando lo que ya fue es inútil. Aprender a soltar y liberar el pasado te hará más libre, más ligero, más feliz. No puedes controlar el pasado, y sí puedes crear tu presente.

 

4. No te tomes las cosas como algo personal. He observado que en una situación conflictiva mucha gente dice: “¿Qué le he hecho yo para que me trate así?” Bien, te diré la respuesta. Nada. No has hecho nada. Porque si tu jefe o tu pareja, o quien sea en la calle empiece a darte voces y a regañarte por algo… tú no has hecho nada. La verdad es que en una ocasión así, que las hay, no se trata de ti (acuérdate que no eres el centro del Universo). Se trata del otro (él también existe). Si me pregunto qué he hecho yo, ya de entrada me señalo a mi misma como único culpable de la situación. Sin embargo, yo te propongo otro pensamiento. Puedes preguntarte internamente: “¿Qué le habrá pasado al otro para que se comporte hoy así?”. ¿Ves cómo el panorama cambia? La situación es la misma, pero diferente. Ya no hay culpables. Y además es algo pasajero. Tú estás bien y puedes seguir estando bien (a no ser que elijas lo contrario, pero entonces no le culpes al otro por tu decisión). El otro es el que tiene un mal día, y hasta puedes sentir compasión por él… Todos hemos tenido un mal día y tú sabes lo mal que se siente uno. Yo en situaciones así me quedo tranquila, me pregunto qué le habrá pasado al otro para sentirse tan mal como para volverse violento, siento compasión por él, le envío mentalmente una bendición (y no me refiero a un insulto sino a una verdadera bendición) para que se le pase cuanto antes, vuelvo a lo mío y no se lo tengo en cuenta. Quedo en paz conmigo misma. No me lo tomo como algo personal. Comprendo que el otro tiene derecho a equivocarse y es problema de él, no mío. ¿Tú no te has equivocado nunca? Yo sí, y hay situaciones que aún recuerdo… El otro tendrá que vivir con el recuerdo y las consecuencias de su comportamiento. Y yo elijo seguir siendo feliz, así de simple. Elijo que esta circunstancia se convierta en una pequeña prueba para mí y salgo victoriosa cuando no dejo que me afecte. Sí. Después de una situación así me siento más grande y más poderosa, me siento más libre y más dueña de mi Vida, y siento más amor hacia mí misma y hacía el otro. Prueba a hacerlo y me contarás.

 

5. Párale los pies al otro. Sé que después del leer el punto anterior me harás la pregunta: ¿Y si alguien me trata mal de costumbre qué debo hacer? Bien. Si una situación se repite quiere decir que la Vida te da otra oportunidad para hacerlo mejor. La Vida es muy inteligente y muy amorosa. No pretende castigarte ni hacerte sufrir, tan solo te está enseñando. La Vida sabe que ¡Tú Puedes Hacerlo Mejor! Cuando permites que una persona te trate mal una y otra, y otra vez, por favor, no te enfades con nadie, ni contigo, ni con el otro, ni con tu madre, ni con nadie. Dejemos de buscar culpables, dejemos de ir a la caza de la bruja… Empecemos a pensar de otra manera. Te explico. Que una persona abuse de ti viene a decirte dos cosas: una es que no sabes defenderte, no expresas lo que sientes, te quedas callado, y a lo mejor hasta te das explicaciones de por qué el otro abusa de ti e incluso estás disculpándole. La otra cosa es que delante tienes a un maestro que te está enseñando a ser más fuerte, y te está pidiendo a gritos que aprendas de una vez y que le ayudes a dejar de hacer el papel del “malo” de la película. ¿Te sorprende? Pues funciona así. Cuando uno te trata mal y tú te arrugas y no actúas, tu energía baja, se vuelve “sumisa” lo cual automáticamente provoca que la energía del otro se vuelva “violenta”. En la Naturaleza todo tiende al equilibrio. En una relación de dos la energía de la propia relación siempre tiende al equilibrio. Si tú te alejas del punto medio, te vuelves “sumiso”, obligas al otro a alejarse del punto medio en la dirección contraria, le obligas a volverse “violento”. Si en una ocasión desagradable para ti no te encoges sino que te pones de pie, sacas pecho y dices con calma, firmeza y sin miedo, y con la cabeza alta: “Cuando te comportas así yo me siento mal, por tanto deja de hacerlo, no te lo permito más.”, has conseguido varias cosas:

– pararle los pies al otro
– tu energía sigue alta y en el punto medio, por tanto el otro no tiene necesidad de ponerse violento, se queda igualmente en el punto medio, hay equilibrio energético, incluso puede llegar a pedirte disculpas, y si no, simplemente se aleja y te deja en paz
– tú te respetas, porque has sido sincero y valiente, has enfrentado a tu propio miedo
– el inconsciente del otro se relaja, ya no tiene que seguir interpretando el papel del “malo”
– has cortado un círculo vicioso, te has liberado a ti y al otro
– has crecido, has aprendido la lección
– vuelves a ser dueño de tu Vida

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