¿Luchar o no luchar por la igualdad?

Es curioso como todas las noches justo antes de dormir me llegan ideas sobre las que escribir. Como normalmente tengo sueño y me da pereza levantarme y hacerlo, no lo hago. Pero hoy es viernes y mañana no tendré que madrugar, así que no me resisto. Me levanto y me pongo a escribir.

Estos días en todas partes se habla sólo de una cosa: huelga, manifestación por la igualdad entre hombres y mujeres, reivindicaciones…

Y yo, con tu permiso, te voy a exponer mi visión sobre todo este asunto. Puede que te sorprenda, y puede que te cabrees conmigo y dejes de leer. Está bien, lo aceptaré. O puede que te pares a pensar sobre lo que yo te diga y empieces a ver todo este asunto de otra manera. Todo es posible.

 

¿Qué son el hombre y la mujer?

 Voy a empezar por aquí. Desde mi forma de verlo el hombre y la mujer son una expresión divina y al mismo tiempo material, de dos principios opuestos de la Creación: el principio activo, que da dirección y ordena, y el principio creador, que crea, acoge y cuida.

Como ya he dicho, son dos principios opuestos. Y son opuestos porque vivimos en un mundo dual en el que, para que se conforme el equilibrio, es necesario que se junten en su justa medida los dos opuestos, el positivo y el negativo. El Yin y el Yang, el + y el -, femenino y masculino.

 

¿Igualdad?

¿Te das cuenta de que he dicho “es necesario que se junten”? Esa es la clave. Son dos principios totalmente diferentes, por tanto, es imposible que sean iguales. Mostramos una mala comprensión sobre el orden de las cosas cuando pedimos que un hombre y una mujer sean “iguales”. No lo somos y ya es hora de aceptarlo. Con eso no quiero decir que uno sea mejor que el otro o que uno deba tener más opciones que el otro en la vida, o que deba dominar sobre el otro. Recuerda que eso sería un desequilibrio y ese desequilibrio ya lo conocemos. No. Lo contrario. Lo que quiero decir es que cada uno debe descubrir sus propias cualidades al pertenecer a uno de esos dos opuestos.

Los hombres durante miles de años descubrieron y aplicaron su poder y su fuerza. Eso sí, los usaron para construir, pero también para dominar y destruir. Y las mujeres, por desgracia, olvidaron que representaban el principio creador. Muchas mujeres hoy en día han aprendido de sus madres y abuelas que son inferiores, que algo les falta, aprendieron y se creyeron la mentira de que son incompletas. Aprendieron a despreciarse a sí mismas, a no valorarse a sí mismas y a odiar al hombre por ello. Y lo peor de todo: empezaron a desear ser como el hombre. Creyeron que siendo como el hombre obtendrían aquello que creían haber perdido…

Y ahora presta atención. Cuando una mujer pide igualdad – al hombre, a la sociedad, al gobierno – lo que hace es reconocer en voz alta que ella misma se considera incompleta. Querida mujer del siglo XXI, no eres incompleta. Dios, el Universo, la Conciencia Divina, La Fuente, o cómo quieras llamarlo, no te creó incompleta. Es una ilusión, una creencia que te limita y ni siquiera te das cuenta de que esa creencia no es tuya. La heredaste de tu madre y ella de la suya, y ella de la suya…

 

No necesitas igualdad

No, no necesitas igualdad, te necesitas a ti misma. Necesitas reconocerte a ti misma. Y eso lo puedes hacer sólo tú, en tu interior, en tu corazón y en tu alma. No necesitas gritar por la calle, necesitas quedarte en silencio y hablar con tu corazón. Tú misma contigo misma. Necesitas volver a reconocer a la Diosa Creadora que eres. Necesitas sentir con cada una de tus células el inmenso Valor que tienes por ser Creadora, por ser la que Acoge la Vida, la que trasmuta y transforma la Vida, la que genera y da Amor. La que genera Abundancia.

Pero, querida mujer del siglo XXI, ¿cómo podrás hacerlo si has olvidado cómo amarte a ti misma? Has olvidado quién eres, has olvidado verte como la mujer bella y frágil que eres, como la presencia armónica y majestuosa que eres. Una mujer puede con su sola presencia trasmutar la energía de un lugar, convertir el revuelo en calma, lo feo en bello, el caos en armonía. Tenemos ese Don, nos lo ha dado La Fuente. Lo hemos olvidado, y es hora de recordarlo y encarnarlo.

 

¿Luchar o no luchar?

El hombre y la mujer son dos principios opuestos y totalmente necesarios. Para el equilibrio de la Vida es necesario que caminen juntos y no que se enfrenten, no que uno domine sobre el otro.

¿Qué crees que se genera cuando uno se pone a luchar? Se genera violencia, enfrentamiento. En la lucha buscas tener el poder sobre el otro, imponer tu propia “verdad” y eso es violencia. Exigir que el otro cambie para que tú obtengas un beneficio es violencia.

Y, además, tratar de cambiar lo exterior sin producir ningún cambio interno es una ilusión, un autoengaño. Es una forma de evadirme de mi responsabilidad como mujer y como ser humano. Es más fácil que cambie el otro, ¿sí? Esto querida mujer, es egoísmo y es intento de dominio. Sé sincera contigo misma y reconócelo. Intentas dominar al hombre con las mismas armas que él ha usado durante siglos para dominarte. No es tu camino. Esto es perpetuar y aumentar el desequilibrio.

 

Cuál es el camino

El camino de la mujer del siglo XXI es la Conciencia. Es mirarse a sí misma. Reconocerse. Reconocer y sentir de verdad su propio Valor. No buscar que se lo den desde fuera, sino sentirlo e irradiarlo por los poros de su piel. Si yo reconozco que soy plena, que no me falta nada porque fui creada Plena, ¿qué valor me puede aportar el otro? No necesitaré que me valore porque habré reconocido mi propio Valor. Si yo me valoro el otro lo percibirá a un nivel inconsciente y reflejará dicho valor.

El camino es el Amor. Empezando por una misma. Cuando no me amo, no me siento merecedora de lo mejor de la Vida. Y la Vida me da aquello en lo que creo… Puedes releer el post Tus pensamientos construyen tu Realidad para recordar cómo funciona nuestra mente. Reconócete como Merecedora de lo mejor.

Empieza a Amarte. Hazlo hoy mismo. Observa lo que comes. ¿Es saludable? Si no lo es, cámbialo. Lo que piensas. ¿Es negativo? Cámbialo. Lo que sientes. Es producto de tus pensamientos y de tus juicios. Observa tus creencias. Si ya no te sirven y te limitan, libéralas, cumplieron su función. Pon tu atención en todo lo bello que te ofrece la Vida. Ve a la naturaleza, observa una puesta del Sol, al mar, a los árboles. Siéntete uno con la naturaleza y con la Vida. Te devolverán la confianza, te reconectarán y volverás a sentir tu intuición femenina. Ella te indicará lo que es lo correcto para ti. Cuando tengas Amor para ti tendrás Amor para dar. Cuando sientas tu Valor los demás lo sentirán también.

No luches como si fueras un hombre. Ni pretendas ser un hombre. Tampoco te enfrentes al hombre. Sé una Mujer. Acéptate. Cuídate. Mímate. Acaríciate. Mírate con amor. Dirígete palabras de ánimo y valor. Empodérate. Ten Fe en ti. Reconoce tus cualidades y tus fragilidades, y Ámate con todo ello. Recupera tu poder interior. El poder que te vuelve Diosa Creadora de una realidad armónica y bella. ¡Puedes hacerlo! Te mereces una nueva Vida y sólo de ti depende atraerla y generarla.

 

La clave

Aprende a generar Paz y Armonía en tu interior y empezarás a irradiar Paz y Armonía al exterior. Rescata tu poder del Principio Divino Creador. Identifícate con él.

Y no por último: perdónale a ti misma por los milenios de sufrimiento generado. Perdona al hombre por lo mismo. Formamos parte de un Uno. Necesitamos ir de la mano, y no uno contra el otro. Ninguno de los dos es nada sin el otro. El Yin no puede existir sin el Yang, y al revés.

¿Quieres paz en el mundo? Genéralo en tu interior, perdona al hombre. El cometió sus errores y tú los tuyos. Es hora de cerrar ciclo y empezar otro nuevo. Una nueva era de no enfrentamiento sino de aceptación y colaboración. No de lucha sino de paz. De caminar juntos. Nos lo exige la Era de Acuario.

Todos los cambios empiezan en el interior. Una sociedad nueva necesita de hombres y mujeres nuevos. Si quieres ver ese cambio empieza por ti, por cambiar tu percepción de las cosas. Como decía Wayne Dyer, “Si cambias tu forma de ver las cosas, las cosas cambian.” Empieza por ti.

 

Luz, Paz y Amor

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